Una mañana de sábado, el copiapino Héctor Olivares, al igual que cada fin de semana, decidió ir a recorrer la Feria ubicada cerca de su casa. Como entusiasta aficionado a las antigüedades, llamó su atención un puesto en el que vendían libros antiguos, pero en buen estado. Quiso el azar que ese día tomara en sus manos una obra empastada y original.

Grande fue su sorpresa al percatarse que se trataba de una traducción al español del libro “Jeología de la América Meridional” (sic) del célebre naturalista inglés Charles Darwin, obra que registra las observaciones geológicas que anotó durante su recorrido por Sudamérica, incluido su paso por la región de Atacama en abril de 1835. Esa elección resultaría fundamental para lograr sacar a la luz el que quizá sea uno de los principales hallazgos de fósiles de plantas del que se tenga registro en nuestra región.

TRAS LAS PISTAS DEJADAS POR DARWIN

El legado de Darwin y sus primeras aportaciones al conocimiento y valorización del patrimonio natural chileno, dan cuenta de los paisajes, flora y fauna de la zona, documentando desde una mirada científica y descriptiva – que incluye detalladas ilustraciones y gráficas de su autoría-, aspectos hasta ese entonces desconocidos de nuestro entorno. Uno de esos registros quedó plasmado en el libro encontrado por Héctor, en particular un pasaje que describe las observaciones realizadas en la Región de Atacama, y el cual llamó su atención en buena medida porque su afición al andinismo y al turismo de intereses especiales, le brindaban un acabado conocimiento del territorio de la región. Parte de aquello, detallado por Darwin, no encajaba con el paisaje conocido por Olivares.

En estas páginas el científico inglés describe haber observado en el Sector de Amolanas – en las cercanías de lo que hoy es el Tranque Lautaro-, “miles de grandes troncos silicatados”, “uno de los cuales tenía 8 pies de largo”, lo cual equivale a unos 2.4 metros de largo. Asombrado por el hallazgo, el naturalista expresaba: “¡Cuán maravilloso es el pensar que en tan inmensa masa de madera fósil hasta el más pequeño vaso se halle convertido en fósil!”. Para Héctor esta afirmación implicaba la existencia – hasta entonces desconocida- de un bosque petrificado de grandes dimensiones, cuya ubicación se transformó en un desafío para este hombre, experto conocedor de la zona.

Olivares explica que “yo había escuchado algunos rumores sobre ese bosque con los lugareños, así que me fui a ese sector, y seguí los datos que ellos me dieron. Recorrí el lugar y nada, fui otra vez, contacté con otro lugareño y me envió a otro lado, y tampoco encontré nada. Pero seguí y seguí incursionando; al quinto intento encontré finalmente este sector que está lleno de troncos”.

Habiendo tomado fotografías del lugar, buscó por internet expertos en el tema, dando con el nombre de una investigadora de la Universidad de Chile, la Dra. Teresa Torres, quien viajó a la zona a través de la gestión en aquel entonces –en el año 2009- del Departamento de Física de la Universidad de Atacama, unidad en la que trabaja el profesional. “Se sacaron muestras, ella las analizó e indicó que pertenecían a araucarias más o menos del periodo del Triásico a Jurásico, estamos hablando de unos 200 a 250 millones de años atrás”, recuerda Olivares.

TESTIGOS DE NUESTRA PREHISTORIA

En la actualidad, y tras la llegada del Paleobotánico, Dr. Philippe Moisan, a la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Atacama, el tema es reflotado por este científico y especialista en plantas fósiles, quien destaca que este redescubrimiento “no sólo tiene un gran valor científico sino también patrimonial e histórico por su relación a Darwin (…) Probablemente estos troncos pertenecen a la Formación La Ternera que es del Triásico Superior – de hace aproximadamente 210 millones de años-, pero en otras localidades, en la Quebrada de Paipote, también encontramos troncos fósiles, de menores dimensiones”.

El Dr. Moisan agrega que “uno como Paleontólogo lo que busca es la reconstrucción de los organismos, en este caso de las plantas, es decir, de cómo funcionaban las plantas con todo el entorno abiótico. Uno trabaja en taxonomía (ciencia que clasifica los seres vivos), viendo en detalle las estructuras microscópicas, las interacciones con otros organismos y reconstruye cómo eran estos bosques. Probablemente los resultados preliminares indiquen que se trata de araucarias o de ginkgos, que era la composición florística típica del Triásico en el Gondwana, que era este supercontinente”.

INTERÉS CIENTÍFICO INTERNACIONAL

Motivado por esta información entregada por Olivares, el científico en coautoría con la Dra. Teresa Torres, presentó en el Primer Congreso Chileno Paleontológico, efectuado en el mes de Octubre de este año en la Región de Magallanes, el estudio “Nuevos Hallazgos de Maderas Fósiles en la Región de Atacama, Chile”. En esta instancia, pudieron compartir experiencias e impresiones en torno a este bosque petrificado con otros investigadores del área de la Paleobotánica, pudiendo además aportar algunos antecedentes relevantes en torno a la investigación y registros documentados por Darwin en su viaje.

Es por eso que relevó las diversas implicancias que tiene la posibilidad de investigar este yacimiento fósil, puesto que además permite adentrarse en la historia y orígenes de nuestro territorio y su flora. “Cuando uno hace cortes petrográficos puede ver las estructuras celulares de hace 210 millones de años, ver nuestra historia natural, cómo han ido cambiando los ecosistemas y nuestra vegetación hasta lo que tenemos hoy en día, nuestro legado, nuestra herencia”, concluyó.

UN NATURALISTA EN CHILE

“Después de su travesía austral y camino a Santiago, Darwin visitó las provincias de Osorno y Valdivia, donde fue testigo de un violento terremoto. De vuelta en la capital, en marzo de 1835, emprendió un breve viaje a Mendoza y luego se trasladó a los distritos mineros de Coquimbo, Huasco y Copiapó. En julio abandonó el puerto chileno de Caldera para recorrer las costas peruanas, ecuatorianas y las Islas Galápagos, completando su expedición en octubre de 1835. Un año más tarde, Darwin regresó a Inglaterra, donde redactó su libro Viaje de un Naturalista Alrededor del Mundo, publicado en 1839, y elaboró las conclusiones de sus observaciones científicas, dadas a conocer veinte años después. (Fuente: www.memoriachilena.cl, Biblioteca Nacional de Chile).

Reportaje pubicado en Diario Atacama, Lunes 12 de Noviembre de 2018, Tema del Día.